La peor tragedia actual es que se vaya el internet. Así literalmente, que se vaya, porque lo que deja es una sensación de abandono, igual a cuando se va un ser querido.
Es peor que el que se vaya la luz, porque cuando se va la luz, uno sabe que no hay nada que hacer. Hay que esperar (o desesperar) a que regrese.
Además, cuando se va el internet, uno pasa por las típicas fases del duelo:
- · La negación: consiste en abrir las conexiones de red inalámbricas y darle click frenéticamente en Actualizar lista de redes cada 2 segundos, esperando que aparezca la ansiada señal.
- · La Ira: consiste en vociferar contra el proveedor de internet. Por lo general se recuerda a su madre y se jura cancelar ese servicio, comparable a heces fecales.
- · La negociación: la mayoría le mueve los cables al módem, lo reinicia o lo desconecta; algunas personas llaman a servicio técnico (y vociferan más).
- · La depresión: es cuando contemplas la posibilidad de quedarte un largo tiempo sin internet.
- · La aceptación: fase final, cuando tomas un libro o prendes la tele.
Pocas personas cruzan rápido estas etapas, además, los minutos se hacen eternos y sin sentido. La gente empieza a contar historias de “aquellos tiempos cuando había internet”.
Aunque después de un tiempo (que se siente eterno) regresa la ansiada señal, y automáticamente se olvidan viejos rencores entre tú y la red.
P.D. También aplica para los usuarios de Twitter cuando sale la horrible ballena.